Un Artículo sobre el Ritual de ingreso templario

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Un Artículo sobre el Ritual de ingreso templario

Mensaje  Deep el Lun Dic 06, 2010 3:07 pm

El ritual de iniciación tenía lugar en las bailías o en las casas provinciales. El acto tenía carácter secreto por lo que no era de extrañar que hermanos armados se apostaran en las entradas e incluso en el tejado. Cuando asistía un predicador foráneo a la orden en calidad de invitado una vez acabada la homilía se le invitaba a abandonar la capilla para dar inicio a la ceremonia.



El aspirante debía pasar por un proceso. Primero se debía decidir si se le admitía. Para ello se reunían en capitulo y se leía la regla, encomendando al espíritu de Dios la decisión. Una vez hecho esto el Maestre tomaba la palabra y requería a los presentes por si alguno veía motivo en contra de la admisión del solicitante. Una vez aceptado como candidato se pasaba a la ceremonia de recepción, en la cual los templarios se reunían en capitulo, en una iglesia de la orden en horario nocturno, presidido por el gran maestre o prior. Mientras el aspirante acompañado de su padrino esperaba fuera. Una vez admitido se le hacia pasar a un cuarto cercano al capítulo donde dos o tres caballeros veteranos de la orden le preguntaban solemnemente quien era y que pretendía y si era cierto que quería ingresar en la orden a pesar de la dureza de la vida que le esperaba. Después de contestar adecuadamente a varias preguntas (como las de si estaba unido a mujer alguna, si había estado en otra orden o si padecía enfermedad) volvían a entrar e informaban al capítulo que una vez más debía decidir a cerca de la admisión. Entonces regresaban con el futuro hermano y se le preguntaba si seguía dispuesto. Tras su reafirmación el postulante era introducido en la iglesia con ciertas ceremonias. Postrado ante el gran Maestre y el resto del capítulo se le informaba a cerca de la difícil vida que le esperaba donde la mayoría de las veces no haría aquello que quisiese sino lo que se le ordenase. El solicitante nuevamente debía volver a ratificarse en su decisión. Se le ordenaba retirarse y el capítulo afrontaba la decisión final. Si volvía a ser positiva, de entre los hermanos reunidos alguien debería pronunciar "hacerlo venir para que sirva a Dios".
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